Enrique Cabezón

Acerca de Enrique Cabezón

Enrique Cabezón (Logroño, 1976) cree que supo elegir profesiones que garantizasen su fracaso económico: dibujante de tebeos, poeta, músico, diseñador...

Poiesis

9 Jun,2014 | Comenta

Ya lo cantaban aquellos brasileños: Tudo acontece na periferia. Todo. La periferia, las afueras, son una realidad cotidiana para aquellos que nos dedicamos a la escritura de ese género llamado poesía. En el centro de la ciudad, por muy pequeña que sea —y esta lo es—, se disfrazan los abusos de género y raza como humoradas clasistas. Dicen estar de vuelta de todo y, efectivamente, escuchándoles parece que estén de regreso algunas indeseables lacras del pasado1. Los centros siempre frente a los márgenes. Se pavonean los gallos viejos que se resisten a admitir que el tiempo y la juventud los ha apartado hace mucho. No hay autocrítica y sin ella, a pesar de que lo utilicen como bandera, no hay autoexigencia posible. Aquí, sentado en un banco de piedra en el Parque del Iregua, delante de una focha común que mansamente se deja mecer hacia la orilla, apenas sucede nada. Pero sucede mucho. Esta pequeña distancia permite una visión general que desbroza con bastante crueldad el panorama. Nadie dijo que la vida no fuese cruel y, en tantas ocasiones, lo ha sido también con lo que yo escribo, conmigo mismo. El poeta malagueño Álvaro García se lamenta en un prólogo a su traducción de los Limericks de Edward Lear (Álbol de Poe, 2012) de lo siguiente:

La dificultad a la hora de traducir poesía rimada, infantil o no, creo que en España nos viene de un problema de fondo, de programas de educación poética que nos hicieron creer que la poesía no es algo ajustado y sencillo, sino floreado y sentido, lleno de purpurina emocional y basado en el soniquete.

Pienso en esas palabras que, por alguna razón me parecen radicalmente contrarias a lo que leo en ese diario que me escandaliza y ruboriza al mismo tiempo. Sin embargo, yo estoy mirando el río Iregua, que trae un importante caudal por las recientes lluvias, y veo el lecho de sus aguas frías y limpias, la rima, las piedras, al fondo. La vida pasa lentamente en la ciudad pequeña, pero inexorablemente, como estas aguas. Y al final, todo es un viaje, físico algunas veces pero también mental. De eso hemos de hablar.

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